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Comarca de Granada

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Alhambra

"Dale limosna mujer, que no hay en la vida nada como ser ciego en Granada"

Hablar de Granada no es fácil. Se ha escrito tanto de esta ciudad, de su cielo y paisajes, de sus reyes y gitanos. Cualquiera con imaginación y sensibilidad no podrá resistirse a sus encantos, a la tentación de narrar las emociones que despierta, –"Agua oculta que llora", "Luna ahogada entre las yedras", "Rosas y mirtos de luna".

De ninguna ciudad del mundo se ha dicho tanto, el hechizo granadino se conservara en su recuerdo -¡Si pudiera volver a Granada!-, años y años como algo inextinguible. El escritor francés Andre Gide cincuenta años después de su visita evocaba la ciudad diciendo –Desde entonces nada, ni siquiera las canciones de Egipto han llegado a conmover tanto ni tan profundamente mi corazón. Por volver a oír aquel canto habría yo cruzado tres veces España-

El tesoro cultural de Granada no solo se mide en tener el palacio árabe más importante de todos los tiempos, sino por su legado gótico, renacentista, plateresco y barroco a lo que hay que sumar la admiración que despiertan sus bellezas naturales. Todo esto la ha convertido en una ciudad idealizada con una atmósfera poética de leyenda cautivadora.

"A lo lejos o cercana española o musulmana no hay ciudad que sin locura disputar pueda a Granada la palma de la hermosura"

Una de las características que la hace sumamente especial es su contraste. Ni es oriente ni occidente. El poeta granadino Federico García Lorca dijo –Se observan espantosos contrastes de misticismo y lujuria, mezclándose en el aire el rasgueo de las guitarras y el sonido de las voces monjiles (…) Es apta para el sueño y el ensueño. Por todas partes linda con lo inefable-.

La nota culminante de este "contraste granadino" lo encontramos en la cima de la colina, en el mismo corazón de la Alhambra; la concentración de los opuestos palacios, el refinamiento y sensualidad Árabe junto al casto orgullo castellano de Carlos I de España y V de Alemania, los palacios llamados "Venus dormida y Marte decapitado". Es el culmen del sino granadino, pero en el que a veces surge una enduendada armonía que funde poéticamente la filigrana y la sobriedad.

Pero esta confrontación oriente-occidente no solo se define en su arquitectura, vive difuminada con mayor o menor fuerza en los granadinos y en su paisaje.

Desde las planicies de la vega alzas la vista a la Alhambra y el Generalife, hasta los altos picos de sus montañas. Un camino te ofrece un laberinto de simas y cumbres y el opuesto valles profundos, cerros cortados junto a colinas como el Sacromonte y la fuerza expresiva de los contornos de sus ríos.

La ciudad de Granada posee unas modernas comunicaciones que la sitúan a unas tres horas de Sevilla y a escasa hora y media de Málaga, en coche. La A-92 comunica la provincia con el Levante y con el oeste andaluz, al mismo tiempo que la N-323 hace lo propio con Madrid y la mitad sur de la península. Su aeropuerto Federico García Lorca (GRX) esta enclavado en la Vega del Genil y dista de la capital tan solo 17 Km.

Historia Ir Arriba Regresar

Rendición Granada - Obra de Francisco Pradilla Ortiz

Tierras de grandes contrastes como hemos expuesto, fue abandonada por el apesadumbrado Boabdil que sabía lo que perdía. La última capital de Al-Andalus ofrece una postal difícil de igualar, en la que se dan la mano las nevadas cumbres, uno de los mayores patrimonios de España y, sobre todo, un encanto y un embrujo palpable en cada una de sus calles y estrechos callejones.

Iberos, romanos y visigodos antecedieron a la civilización que convirtió a Granada en el referente cultural del Occidente durante siglos; el Islam. En 1492 los Reyes Católicos, tras asediar durante meses Granada desde la ciudad campamento de Santa Fe, conseguiría derrocar al ultimo rey nazarí, Boabdil "el Chico". Abandonaría a su querido reino acompañado de su madre, que dejaría para la posteridad una famosa frase dedicada a su vástago -Llora como mujer lo que no supiste defender como un hombre-.

A partir de este momento Granada se erigiría como símbolo de la nueva monarquía y de la unidad de España, convirtiéndose en reino cristiano, residencia y tumba real. Alcazabas, mezquitas, aljibes y murallas se fusionaron con grandes templos, conventos y palacios señoriales, haciendo de la ciudad de la Alhambra un conjunto armónico en el que se dan cita estilos arquitectónicos tan diversos como el mudéjar, gótico, renacentista o barroco.

Actualmente Granada es una ciudad viva culturalmente y con una rica diversidad para alimentar cualquier tipo de gusto. Es también una ciudad con un gran ambiente nocturno y juvenil (debido a su reconocida universidad) donde encontrará cientos de pubs, bares y discotecas.

Gastronomía Ir Arriba Regresar

Tapas en Bares Granadinos

La cocina granadina es fruto del mestizaje, además, los diversos pobladores fueron aportando su carácter propio, para acabar de confeccionar una singular fusión de sabores, colores y aromas. La situación de encrucijada entre Europa y África, el Atlántico y el Mediterráneo de la región andaluza, ha condicionado desde la Antigüedad la recepción de nuevas costumbres, tendencias y productos culinarios.

Fue durante el esplendor musulmán junto a judíos y cristianos cuando se determino lo que actualmente conocemos como cocina andalusí.

Este dilatado legado, unido a la diversa climatología y relieve de la provincia, han ido configurando un universo gastronómico con peculiaridades en cada una de las comarcas, que comparten los frescos productos de la huerta de la Vega con las frutas tropicales de la Costa.

Así, mientras que la Vega de Granada provee de tiernas y frescas habas, pimientos u hortalizas con las que poder preparar ensaladas y sopas frías, el interior se caracteriza por platos consistentes y reconfortantes. Se preparan pucheros, guisos y potajes utilizando principalmente carne, legumbres y especias o hierbas aromáticas.

Las jugosas habas tiernas protagonizan multitud de platos, de los que destaca el que tiene como ingrediente básico el jamón y el aceite de oliva virgen. En Atarfe se cocinan en tortilla mientras que en otras localidades como Churriana de la Vega se comen secas. Los espárragos (con los que se elaboran la sopa de Maimones de Pulianas), las setas, berenjenas y alcachofas rellenas de Armilla o las "papas" a lo pobre, con huevo y pimientos fritos, integran también el recetario popular granadino.

Las ensaladas y sopas frías son otras de las especialidades de la zona, unas comidas muy acordes con la agradable temperatura de las que disfrutan en este rincón andaluz con carácter propio. Hay muestra para todos los gustos: gazpacho, pipirranas, ajo blanco (realizado aquí con harina de habas) ensaladas de puerros y judías blancas. Y para los amantes de la carne, existe una amplia oferta de platos que tienen en común su toque "al ajillo" y la variada condimentación empleada para guisar chotos, conejos, pollos o liebres.

Todos estos platos y especialidades pueden ser degustadas tanto en castizas tabernas y acogedores bares de barrio como en los restaurantes de tronío que han escogido como privilegiada ubicación los hermosos cármenes del Albaicin.

Granada capital concentra estos "templos" de la cocina en: Cuesta del Chapiz, y la puerta de Fajalauza, los aledaños de la Catedral o plazas y calles tan representativas como la Plaza Nueva, Bid-Rambla, Pescadería, la Plaza Isabel la católica; la Avenida Doctor. Oloriz, junto a la Plaza de Toros; la Antequeruela Baja y, en dirección al Genil, la calle Navas y la calle Mariana Pineda. Algunas de estas zonas y otras más específicas (el Albaicin, Campo del Príncipe, el Centro o el Sacromonte) se erigen además como lugar obligado si quieres conocer "el tapeo granadino".

En cuanto a la repostería granadina existen conventos y ordenes, siendo especialmente demandadas algunas de ellas con especialidades como; los huevos moles del convento de San Antón, las tortas de almendras de las Tomasas, mojicones y mazapanes de la Encarnación, hojarascas de Isabel la Real, las cocas yemadas de San Bernardo del Cister, huesos de Santo de Santa Catalina de Zafra, mantecados de la Magdalena y, por supuesto, los almíbares de Las Comendadoras de Santiago y del Monasterio de San Jerónimo.

Artesanía Ir Arriba Regresar

Cerámica Fajalauza Granada

La honda huella dejada en la provincia por sus pobladores a lo largo de los siglos desde los fenicios hasta los cristianos se denota también en la artesanía granadina, no existiría mejor muestra que el oficio del barro para constatar esta herencia. Desde las primeras vasijas que los pueblos procedentes del Mediterráneo elaboraban para su uso domestico, hasta las espectaculares creaciones nazaríes, con muestra en el museo de la Alhambra (donde se expone el famoso jarrón de Las Gacelas) o en el museo Arqueológico. Son muchos los siglos que ha permitido a la cerámica granadina nutrirse de las diversas técnicas, materiales y artistas.

El resultado no es otro que una artesanía tradicional y de gran personalidad con peculiaridades en cada una de sus localidades. La cerámica en su raíz musulmana, con estilos tan universales como la Fajalauza, el reflejo metálico o la cuerda seca, siempre han tenido en la provincia una fiel compañera; la alfarería popular, que han evolucionado conforme lo hacían también los tiempos.

En un primer momento estas piezas estaban vinculadas con las formas de vida tradicionales de la sociedad rural y muy ligadas al trabajo en el campo. Algunas de ellas, que eran vendidas en toda Andalucía, Murcia y La Mancha por arrieros o carreteros, dieron incluso nombre a la localidad donde se producían. De ahí lo conocidos que llegarían a ser, entres otros, los anafres de Alhama, los botijos de gallo de Almuñecar, las orzas de Huescar, los cantaros de Motril, los "pipos" de Guadix o las "tostaeras de Orgiva".

Hablar de los oficios de la madera implica referirse a algunas de las labores artesanas que mayor renombre y fama han otorgado a Granada. Quién no ha admirado en alguna ocasión una pieza de taracea, escuchado los perfectos acordes de una guitarra elaborada con mimo por los luthiers de la provincia o ha contemplado una imagen religiosa tallada y dorada por las expertas manos de un imaginero como la Inmaculada de Alonso Cano.

La taracea, que fue introducida en España por los musulmanes y tuvo su origen en la Córdoba del s.XII, se nutrió de los trabajos ornamentales que se realizaban en los cueros repujados y policromados. Trasvasada la técnica y elementos decorativos a la Granada nazarí, en la época cristiana este oficio continuaría con su esplendor. A la marquetería, que combina artísticamente las gamas y tonos de maderas, añade esta labor la incrustación de diferentes materiales y metales, formando, con una estética detallista, dibujos de estructura geométrica para decorar arcas, cofres, bargueños, ajedreces o mesas.